Temblor de dedos

11 Junio, 2011 by: Javier

Esta semana he estado en una audición de saxofón, en la que estudiantes del instrumento deleitaban a su familia y conocidos con lo que llevan aprendido. Puede ser un tormento dependiendo de las piezas elegidas para tocar. Oír Yesterday de los Beatles a un estudiante de 60 años de segundo curso es una experiencia trascendental.

El saxo no es como la batería. Si estás nervioso tocando la batería no se te nota, simplemente machacas los tambores con más fuerza y listo. Pero en el saxo, o en la guitarra, la tensión de estar en el escenario delante de todos tus amigos y novias potenciales se nota inmediatamente en los dedos. Los músculos se tensan cuando estamos nerviosos, como reacción natural para hacer frente al peligro psicológico que percibimos. El personaje al que me refiero estaba tocando su pieza, y cada dedo que no estaba apoyado en una tecla temblaba sobre el instrumento. Se notaba claramente incluso desde las filas de atrás de la sala. Claro, no es lo mismo tocar delante de cuatro aficionados o devotos filiales, que delante de 50.000 personas en un estadio. Siempre he pensado que es imposible estar nervioso si eres el cantante de Aerosmith y tienes delante a toda esa masa rugiente de fans que se dejan torturar con una semirotura timpánica durante dos horas. Pero si encima de que estás solo en el escenario, no estás seguro de que te quieren, es probable que te tiemblen los dedos.

¿Cuál es el remedio? Facilísimo: respira hondo. Podría ser algo más sofisticado, como una pastilla para bajar el ritmo cardiaco, o freudiano, como decirse a uno mismo cosas bonitas, o más convencional, como “sé tú mismo”, pero respirar profundamente es lo que más te va a ayudar a relajarte.

Para ponerlo en marcha, inspira contando hasta cinco, y espira contando también hasta cinco. Mientras espiras, repite en tu cabeza una palabra que te relaje, como relajado, tranquilo, paz, armonía, suave, océano, o elecciones anticipadas. De hecho, si repites este ciclo el suficiente número de veces durante un rato, empezarás a bostezar. Hazlo desde que te levantas el día de tu presentación, pero mejor después de haberte duchado. Si lo primero en lo que piensas nada más despertarte es en tu presentación, te vas a pillar a ti mismo desprevenido y el corazón te va a dar un vuelco. Ese vuelco supone que vas a necesitar media hora más de respiración relajada, así que nada más salir de la cama piensa por ejemplo en las vacaciones.

Al final, el artista en ciernes lo hizo bien. Probablemente solo yo por deformación profesional me di cuenta del temblor de sus dedos, y no se lo dije a nadie…

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