Si no te entrenas

11 enero, 2012 by: Javier

En el mundo corporativo hay tres entrenamientos que son de cajón. Yo los pasé en el año uno de mi historia multinacional, aunque creo que no todo el mundo ha tenido la misma suerte: escribir bien, tener reuniones efectivas, y hablar en público. Luego se te queda o no, dependiendo de quién te haya enseñado, y de lo que practiques después. Es decir, si aprendes a tener reuniones efectivas y luego vas a todas con el tiempo pelado y sin prepararlas, pues te quedarás con tu diplomilla de haber hecho el curso pero con nada más, porque se olvida. Los no entrenados en el templo de las multinacionales, o de cualquier otra empresa que se preocupe por la formación, también escriben, tienen reuniones, y presentan, pero no es lo mismo. Esto es como esquiar: si te tiras llegas abajo, pero te lo pasas mejor o peor según controles más o menos.

Así que muchas veces me pregunto qué es lo que se están perdiendo las empresas por no invertir en la formación de sus empleados para convertirles en presentadores más dinámicos, seguros, y convincentes. Y creo que afecta hasta al desarrollo del país. Por ejemplo, ¿cuántas ideas revolucionarias se quedan en el tintero porque el ocurrente prefiere mantener un perfil bajo, por si le dan por todos lados? Puedes escribir tu idea, pero no es lo mismo que ponerte en un estrado a venderla. Piensa en una oferta de marisco por correo versus una recomendación de centollo por parte de tu pescadero. Y cuanto más suelto estás hablando en público, menos reparos tienes para exponer lo que piensas. Así que la productividad en la que nos estamos enfocando ahora, con ministerio incluido, aumentaría drásticamente. En vez de remolonear deshojando la margarita sobre si me atrevo o no, zas, presentación mañana sobre algo que os va a dejar patidifusos. Eso que siempre se dice de los americanos, que son tan naturales, imagínatelo de los españoles. Es fácil, para ser espontáneo solo hay que entrenarse.

Si presentas bien, tu compañía va a vender mucho más. En el mundo de los servicios el envase es clave, porque el valor añadido es más difícil de ver antes de haberlo comprado. Y el envase eres tú presentando al cliente potencial. O en esa conferencia donde hay 100 posibles clientes sentados. Si vendes cacharros, los consumidores no te van a ver presentando, pero los vendedores sí. Si transmites entusiasmo, van a enamorarse de tu producto y esto es imprescindible – lo sé porque he hecho marketing de detergentes…

Y qué decir de las reuniones internacionales, donde a veces los españoles se sientan todos juntos porque les da repelús hablar inglés. Si sabes hablar en público, tu confianza en ti mismo se multiplica, y te da igual hacerlo en inglés macarrónico que en chino de Berlitz.

O piensa en esas reuniones de directivos de jueves a sábado en el centro de retiros sofisticados de la sierra, para rumiar qué hacer con el plan estratégico. En vez de estar pensando en la venganza por haberles quitado un sábado por la mañana, estarían deseando que no se acabara para ver una presentación increíble más.

Cuando los empleados saben hacer presentaciones que cautivan, la compañía se ve de otro color, desde dentro y desde fuera. ¿Te lo estás perdiendo?

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