Si lo quieres de verdad, lo consigues

22 julio, 2012 by: Javier

Esta semana he hecho un curso de surf de cinco días. Hacía mucho que no aprendía nada nuevo desde cero, y me ha recordado lo que se sufre cuando intentas adquirir habilidades nuevas. Me encantaría poder decir que esto del surf lo llevo dentro como un nativo de Hawaii, pero la realidad es que he tragado más agua que cuando te hacen una colonoscopia. Además, me he dado tantos revolcones que ahora sé lo que es ser un calcetín en una lavadora. El caso es que al final lo consigues, pero cuesta de verdad.

Lo mismo ocurre cuando aprendes a hablar en público desde el principio. Aunque cuando te lanzas a hacer presentaciones, siempre te pones de pie sobre la tabla. Total, es media hora de hablar, y todos sabemos hablar. Pero el resultado puede ser desastroso si no sigues unas pautas. Seguro que si agarro una tabla de surf sin instructor habría tardado bastante más y además con vicios imborrables. Puedes presentar bien a tu manera, y hacerlo de foto. Pero es muy posible que haya cosas que limar, en el estilo o en la manera de organizar el contenido, y lo mejor es que alguien te corrija en directo para acercarte lo más posible a la perfección. El instructor te da confianza y empujoncillos mentales para seguir adelante y construir sobre lo que haces bien.

Aprendiendo a surfear he pasado por lo que pasan los asistentes a mis entrenamientos de hablar en público. Empiezas con muchas ganas, pensando que está chupado, porque lo has visto hacer en decenas de reportajes de campeones en olas gigantescas. La teoría no puede ser más sencilla, cuatro fases y estás sobre la tabla como un gato. Pero la realidad es muy diferente. Las olas son más grandes de lo que te esperas, la tabla se mueve como si tuviera dentro una colonia de lagartijas, te pones de pie y te vas al agua sin poder avanzar ni un metro, los de al lado lo hacen bien y te baja la moral, pasas frío después de una hora, y al final piensas que vas a tardar más de lo que pensabas. A mitad de semana tienes un bajón y piensas en dedicarte al curling, que es mucho más tranquilo. Y luego te recuperas y coges confianza, porque el aprendizaje es un proceso, y como en todo proceso, lleva tiempo que las piezas encajen. Te concentras en una sola cosa hasta que te sale bien, después en otra, después en cómo funcionan las dos juntas, y después vas a por otra de las piezas. Al final acabas como los dioses rubios torrados y de ojos azules de las playas de Santa Mónica, o casi.

La clave está en tener ganas. Si quieres hacerlo, lo vas a conseguir, seguro. Hace tiempo leí en un libro bastante aburrido sobre dirección de proyectos esta frase que lo abría: para conseguir algo, tienen que ocurrir tres cosas: saber lo que quieres, quererlo de verdad, y ponerte a trabajar para conseguirlo. Yo sé que quiero hacer surf, lo quiero de verdad, y me parece que tengo que trabajarlo un poco más. ¿Quieres conseguir ser un maestro de las presentaciones?

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