Por qué no me gusta el Derecho Administrativo

15 marzo, 2011 by: Javier

En los primeros ochenta me hallaba yo estudiando Derecho, más por ser una carrera flexible con muchas salidas que por vocación. Era la época de Elvis Costello, The Police, los cines de sesión doble, los abrigos de plumas gordísimos, y los coches sin cinturones detrás.

La asignatura de Derecho Administrativo ya es de por sí un tostón. Pero el profesor la hacía mil veces peor de lo que era. El hombre llegaba a clase, se sentaba en su silla detrás de la mesa del profesor, sacaba el libro de su cartera, y se ponía a leernos la lección. Además, la clase era después de comer.

Su voz era monótona, es decir, que ni siquiera pretendía estar leyéndonos una aventura de Jack London. Son las sesiones de cualquier cosa más aburridas a las que he asistido nunca, por encima de juicios civiles, plenos del Congreso, o discursos de juntas de accionistas. Y al tipo le pagaban por ello. No sé si era tan aséptico que podía después reconciliar su autoestima por las noches. Porque las caras que poníamos los alumnos expresaban claramente nuestra frustración. Algunas empollonas tomaban apuntes, por si acaso decía algo que no estuviera en el libro, pero en balde.

El método de aprendizaje era la memorización. Con lo cual se me ha olvidado todo el Derecho Administrativo que pude aprender. De hecho, no me acuerdo de nada más que de la imagen del profesor sentado detrás de la mesa, leyendo.

Presenta sentado y sin habértelo preparado bien, y tu audiencia puede verte como el profesor de Derecho Administrativo. Cuando presentas de pie, tienes un 40% más de probabilidad  de vender tu producto o tu idea. Concentras la atención del público y tu poder personal aumenta. Y cuando lees tus notas, o tu proyección de PowerPoint, la audiencia estará preguntándose por qué no les envías tus notas por email en vez de aburrirles. Utiliza tus notas como chuleta, no como el libro del profesor. Si les aburres, sólo recordarán momentáneamente tu presentación si tienen que estudiarla para conseguir algo, como un aprobado. Después, es la nada.

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