Podium+

6 mayo, 2013 by: Javier

En España somos los reyes de la fiesta. Cuando los extranjeros se dan cuenta de lo que se cuece por aquí, no se quieren ir. Somos simpáticos, dicharacheros, amables, abiertos, y además sabemos cómo pasárnoslo muy bien. De ahí que haya pocos españoles que quieran pasar su jubilación en Tokio o en Nottingham, pero muchos japoneses o ingleses que se apunten a retirarse para siempre en la Costa del Sol, en Cercedilla, o en un poblado en Asturias.

Por eso es llamativo que seamos en general bastante malos comunicando. Para pasártelo bien es importante relacionarte con los demás, y eso es comunicación. Este contrasentido probablemente tenga que ver con la educación, con el miedo al ridículo, con que tendemos a tomarnos las cosas a la ligera, y con los ejemplos que tenemos por aquí.

Cuando ibas al colegio y te tocaba salir a la pizarra, al sentarte tus compañeros te resaltaban todo lo que habías hecho mal, si no te tiraban bolas de papel mientras presentabas. El miedo al ridículo creo que tiene que ver con esto, y también con algo de complejo de inferioridad frente al mundo más desarrollado. Para muestra, mira lo que se dice del cine español cuando es muy bueno: “no tiene nada que envidiar a Hollywood”; lo que nos fijamos en los que tienen éxito fuera, ya sean médicos, empresas, o jugadores de baloncesto; o lo que hacen muchos turistas españoles cuando van juntos por el mundo.

Nos tomamos a la ligera algunas cosas que son esenciales en comunicación, porque somos mediterráneos y por tanto algo más relajados que los del norte. Por ejemplo, saber qué no hacer en un lugar de alto riesgo como un restaurante durante una comida de trabajo, que en realidad es una continuación de la reunión que has tenido en la oficina. O conocer las reglas de etiqueta en las relaciones profesionales. O saber cómo reaccionar ante alguien que te lanza dardos envenenados delante de otras personas, sin perjudicar la relación. Salimos del paso sin salir vencedores porque no le damos la importancia que tiene.

Además, los personajes que podrían hacer de modelo de comunicación escasean. Los políticos, por ejemplo, sacan notas de risa en las encuestas de popularidad. La gestión de las crisis en política, y en la mayoría de los casos en los que el público conoce el problema a través de los medios, consiste en decir “yo no he sido”, o mejor, “ha sido él”. La regla es escaquearse, incluso entre los que no han hecho la mili, antes que admitir la responsabilidad y arreglar la situación.

Comunicar bien no consiste solo en ser un gran presentador – incluyendo el manejo adecuado de tu instrumento, la voz -, en saber estar en un entorno social o profesional, y en ser un maestro gestionando las crisis. También incluye el plasmar lo que piensas en un documento o en un discurso bien estructurado, breve y sencillo. Escribimos regular en el ámbito empresarial aunque, para descargo de los españoles, esto es común en todo el mundo. Los “ya ques” y los “dicho” son normales hasta en la prensa.

Ser un gran comunicador incluye además hacer tu presentación interesante a través de historias. Contar cuentos es la manera más fácil de cautivar a una audiencia de uno o de mil. Fíjate en lo que recuerdas de cualquier presentación: seguro que no es el gráfico en PowerPoint. Es sencillo contar historias si conoces cómo fluye cualquier relato. Lo venimos haciendo desde hace miles de años, desde la tragedia griega hasta los cuentos de Mortadelo.

Y si tienes todo lo anterior, solo te falta utilizar tu vestimenta para transmitir poder, cercanía, discreción, o lo que pretendas en cada situación. Y saber qué no ponerte y cuándo. Los españoles no somos los que peor vestimos de Europa, pero es muy fácil detectar a un compatriota por ahí fuera porque siempre nos ponemos lo mismo.

Todas estas áreas de la comunicación las cubrimos en Podium+ (www.podiumplus.eu). Hemos reunido a los mejores especialistas en Inteligencia Social Ejecutiva, en Hablar en Público, en Foniatría, en Redacción, en Gestión de Crisis, en Estilismo, y en Storytelling, con una misión: mejorar la comunicación de los dirigentes en España. Para arreglar lo que nos falta desde pequeños. Estamos seguros de que los españoles hacemos muy bien el resto de cosas importantes en la empresa y en la política. Después de todo, para hacer una buena fiesta hace falta creatividad, empuje, visión estratégica, atención al detalle, y capacidad de liderazgo. De todo eso tenemos de sobra.

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