Piensa en ellos

4 junio, 2012 by: Javier

Estas dos últimas semanas he tenido el gusto de entrenar en oratoria a algunos de los ponentes del TEDx Cibeles, que se celebró el sábado 2 de junio en Madrid. La verdad es que no necesitaban mucho entrenamiento, pero siempre es un placer trabajar con gente que tiene algo poderoso que decirle al mundo. De alguna manera me convierto en una parte minúscula de su mensaje. En esta ocasión, la mayoría de los mensajes decían “tú también puedes hacerlo si realmente quieres”. Las ponencias estarán colgadas pronto en www.tedxplazacibeles.com. Si no has asistido nuca a un evento TED (www.ted.com), no te pierdas el de 2013 que seguro volverá a organizar el equipo infatigable de TEDx Cibeles.

No voy a resumir aquí las ponencias, porque sería un rollete que te las contara yo. Mucho mejor si las ves directamente en su sitio web. Lo que sí te voy a relatar es la diferencia entre un ponente salido de ninguna parte, Tony Chen, que ha puesto en marcha una compañía dedicada a vender bolsos y mochilas fabricadas por personas en países subdesarrollados (www.movement121.com ), y un ponente premio Nobel, Finn Kydland, que estaba destinado a ser la estrella del evento pero que no lo fue. Tony Chen busca que esas personas se hagan autosuficientes. Finn Kydland es profesor de Economía en la universidad de California en Santa Barbara. Los dos tenían algo interesante que contar, pero Chen se comió a la audiencia mientras que Kydland los aburrió un rato largo.

El día antes del evento, Tony estaba algo tenso, y su tono de voz era bastante monótono. El tono monótono era consecuencia directa de estar pensando en sí mismo, que es lo que ocurre cuando estás nervioso. Por tu cabeza vuelan nubarrones que tienen que ver con qué tal lo vas a hacer, qué piensan los demás de ti, te van a estar todos mirando en silencio, qué pasa si te quedas en blanco, me va a temblar la voz, y otros fenómenos tormentosos. Con Finn Kydland no tuve la oportunidad de tratar, así que no sé qué tal se sentía. Pero tenía pinta de estar bastante seguro de sí mismo durante su intervención. Cuanto más poder crees que tienes, menos nervioso te vas a poner – seguro que recuerdas a pocos ministros a los que les tiemblen las piernas delante de la prensa. El caso es que el Nobel no dio ningún mensaje que pudiéramos tocar. Simplemente fue una clase de economía, imagino que transportada desde su universidad. De hecho, cuando se había pasado ya en 20% del tiempo asignado, que en TED es pecado mortal, dijo: “por alguna razón pensaba que tenía una hora para hablar…” Imagínate, te invitan a hablar a un TED y no te has enterado de cuánto tiempo tienes. Finn estaba pensando en él mismo y en su clase. No se pone nervioso porque lo ha hecho mil veces, pero no comunicó nada porque no estaba pensando en su audiencia.

El sábado, Tony se transformó en un volcán de entusiasmo. De repente se olvidó de sí mismo y se concentró en el público y en lo que podía suponer un cambio en sus vidas. Pensó en cómo podía hacerse entender, en convencerles, y en entretenerles. Sus variaciones de tono eran mejores que las de un cantante de ópera. Al cambiar el foco, no solo te haces mucho más interesante, sino que los nervios escapan volando como fantasmas de un castillo renovado. Finn estaba tan lejos de la audiencia, que cuando le hicieron la señal de que se había pasado de tiempo, siguió hablando cinco minutos más. De nada en concreto, simplemente dando vueltas a lo que tenía en la cabeza en ese momento de su clase. Nunca te fíes de la fama, y busca conferencias de ponentes que tengan unas ganas locas de contarte algo de lo que están convencidos.

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