Perdedor y ganador comunicando

28 Mayo, 2011 by: Javier

Probablemente sea una de las mejores ocasiones de crear una fantástica imagen en tus votantes y, más importante, en tus potenciales. Admites que has perdido con tranquilidad, dominio de la situación e irradiando confianza, para que la próxima no lo duden. O celebras la victoria con humildad y seguridad en lo que puedes hacer por tus votantes y potenciales.

Zapatero y Rajoy no brillan en sus respectivas intervenciones del domingo electoral tras conocer los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. Probablemente estuvieran machacados después de tantas semanas de actividad buscando indecisos.

Zapatero (http://www.youtube.com/watch?v=qurm6-s6A10) tiene un problema con el nudo de sus corbatas, que suele estar poco apretado, como en esta ocasión. Esto no transmite otra cosa que dejadez, no bueno para un presidente del gobierno, sobre todo si ha perdido. Su elección de vestuario es perfecta: traje azul marino, color poderoso, y una corbata de tonos rojos que resalta su cara. Mira demasiado sus notas. Seguramente ha tenido poco tiempo para ensayar, pero le quita la espontaneidad que necesita para que parezca que lo que dice le sale del corazón.

Apenas usa las manos para expresarse, prefiriendo reposarlas sobre el atril o juntarlas. Pierde una oportunidad para comunicar con más entusiasmo. Incluso en este tipo de intervenciones donde se reconoce una derrota, el entusiasmo es clave: nos han dado una paliza, pero soy el jefe y os aseguro que vamos a resurgir. Si él está decaído, imagina cómo van a estar las huestes. Tampoco la voz le ayuda a comunicar entusiasmo: la velocidad y el volumen son correctos, pero el tono se hace monótono porque las frases suenan todas muy parecidas, cortándolas entre palabras y arrastrando las eses finales. Además, cortar las frases hace que la audiencia se disperse mentalmente: es difícil seguir a un orador que te habla como si no supieras su idioma, porque haces una salida mental a los 20 segundos y te pones a pensar en la lista de la compra de mañana.

Otro aspecto de su intervención que distrae poderosamente es el baile detrás del atril. Está descargando la energía que le genera la situación a través del movimiento del cuerpo. Si estuviera en un estrado, sin atril, probablemente andaría de derecha a izquierda como un león enjaulado.

Domina la mirada, lo mejor que tiene, dirigiéndola alternativamente a diferentes zonas del público, mientras procura que el contenido de su intervención gire en torno a factores externos que puedan explicar la derrota, como la crisis económica.

Rajoy (http://www.youtube.com/watch?v=UVAksos0F8I) empieza mal, agarrando el micrófono cuando no necesita hacerlo porque es fijo y se lo han colocado perfectamente. Sujeta bien sus notas con una sola mano, dejando la otra para expresarse. Utiliza un gesto poderoso, uniendo el índice y el pulgar mientras acompaña sus frases con el brazo arriba y abajo.

El tono es estándar mitinero, con las frases acabando en alto, lo que le resta cercanía. Es sorprendente cómo se permite un coloquialismo como el terminar las palabras en “ao” en lugar de en “ado” (ayudao, apoyao, animao, 01.20) que le desacredita instantáneamente: estamos acostumbrados a hacerlo en conversaciones privadas informales, pero no a oírlo de un posible presidente del gobierno.

Dice “bueno” en tres ocasiones (01.46, 02.07, 02.25) a modo de relleno verbal, abrumado por el griterío del público bajo el balcón y para acallarles de algún modo.

La segunda parte de su intervención (desde 02.30) está mejor hilvanada, una vez que se ha dado el baño de multitudes inicial.

La sonrisa es contenida, como es habitual en Rajoy. Era una ocasión perfecta para transmitir más entusiasmo a los votantes de las próximas elecciones.

Originalmente publicado en blogsdepolitica.com

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