La vez que más concentrado he estado

1 junio, 2011 by: Javier

 

“La vez que más miedo he pasado en mi vida, aparte de cuando vi la segunda parte de La Profecía, fue en un barco anclado junto a unos islotes, Dyer Island, a pocas millas de la costa sur de Sudáfrica, en febrero de 2000.

Formaba yo parte de una expedición para estudiar al gran tiburón blanco, de aficionado a todo lo que sea enorme en el buceo, además de grumete para sufragar los costes del viaje. El tiempo era bastante horroroso, porque aunque allí era verano se había plantado en los islotes una borrasquilla que levantaba olas de dos metros. El barco, el Storm Cruise, llamado igual que sus dos hijos por el chalado de Craig, el capitán y líder del proyecto, se movía como tu cabeza en una resaca mientras Craig nos contaba curiosidades terroríficas sobre el enorme bicho. Qué hacer si te lo encuentras debajo del agua, la vez que se uno se comió el bote de un amigo de su padre cuando estaban todos de pesca, los bocados que te pueden dar, y otras cosas que se pueden comer.

Uno de los participantes echaba al agua con parsimonia cazos de chum, una mezcla maloliente de sangre y trozos de sardina, que arrastrada por la corriente forma un rastro que el tiburón huele a kilómetros. Cuando enganchan el olor, los tiburones lo siguen hasta el barco. Llevábamos tres horas de cháchara, cuando de repente el vigía grita ¡tiburón!, y vemos un bicho con la misma pinta que el de la peli acercándose al barco majestuosamente. A mí me tocó, probablemente porque también me tocó la mili en Melilla, meter la jaula en el agua. La jaula, desde la que veíamos al tiburón cuando nos sumergíamos, cuelga de una polea enganchada a un mástil en popa. Para soltarla, hay que soltar el espejo de popa (la parte donde iría enganchado el motor en una Zodiac), colocarse a ras de agua sobre el espejo ya bajado, y deslizar la jaula hasta que el agua la cubra por completo. Esto hecho en el puerto es hasta divertido, pero con un tiburón blanco de cuatro metros dando vueltas junto a tus pies en olas sueño de surfero, no tiene mucha gracia. Es el momento de mi vida en el que he estado más concentrado en hacer algo bien.”

Esta podría haber sido la apertura a una charla sobre un nuevo método para sacarle el máximo partido al trabajo, a través de la concentración.

La alternativa podría haber sido: “bueno, pues hoy vamos a hablar de este nuevo método de concentración que nos viene de Filipinas.” No hay color entre una apertura y otra, y la razón no es que esta última no sea muy original, sino que la primera es una historia.

Nuestro cerebro está preparado para que nos cuenten historias porque así se ha transmitido el conocimiento hasta hace 5.000 años cuando se inventó la escritura. Eran necesarias para sobrevivir, y por tanto les prestamos más atención. Cuando hablas en público y cuentas historias para ilustrar tus puntos clave enganchas a la audiencia, y después van a recordar lo que les has dicho. El nivel de notoriedad de lo que cuentas sin historias es menor, aparte de más aburrido.

Para contar una historia no necesitas seguir ningún método especial, simplemente recordar algo muy sencillo: para enganchar a tu audiencia solo tienes que darles tres cosas, un personaje, un lugar, y un momento en el tiempo. Por ejemplo, tú, Sudáfrica, febrero de 2000. Desde ese momento les tienes enganchados. A partir de ahí importa lo interesante que sea el cuento y cómo de bien se adapte a tu tema.

Un truco adicional al contar historias, como bien saben los padres, es involucrar al público en ella. Por ejemplo, “los participantes en la expedición éramos personas tan normales como vosotros”, o “el mar se parecía mucho al que vemos en cualquier playa de Alicante”. Esto añade cercanía y relevancia de la historia para ellos. Mi hija pequeña mira al techo cuando la meto de protagonista en los cuentos por la noche, es la señal inequívoca de que está enganchada.

Una respuesta a “La vez que más concentrado he estado”

  1. diego dice:

    Como en Las Chicas de Oro: “Sicilia: 1927…”
    Estoy absolutamente y totalmente de acuerdo: los recuerdos más intensos que tengo de haber aprendido con profesores vienen de Mr. Callaghan (Física con 13 años) y Prof. Abt (Marketing en la facultad). Grandes contadores de historias que hacían fascinante y relevante lo que estaban enseñando. Resulta imposible olvidar la explicación de cómo funciona una parábola cuando es en el contexto de Arquímedes y el sitio de Siracusa…
    Salud!

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