La sala ideal

24 Mayo, 2012 by: Javier

Siempre he querido tener una sauna en mi casa, lo malo es que no me dejan hacerla, y tampoco estoy seguro de dónde la metería. Pero tengo clarísimo cómo sería, después de haber visto unas cuantas: madera de pino de esa que huele a taiga, un reloj de arena con arena naranja, el horno con piedras muy gordas, una lámpara que no deslumbre cuando te tumbas, y prohibiría entrar con chanclas.

También tengo muy claro cómo sería la sala ideal para hacer presentaciones, después de haber visto unas cuantas. Estoy deseando que alguien me deje hacer el diseño, seguro que los oradores más famosos querrían venir a presentar, igual que todos los golfistas quieren jugar en St. Andrews.

Para empezar, la pantalla no estaría en el centro del escenario. Casi todas las salas de presentaciones están montadas así, con lo que el centro de la presentación no es el presentador, sino la proyección. La gente tiende a fijar la vista en la pantalla, aunque no cambies de diapositiva durante una hora. Son demasiados años de educación en el cine. La pantalla estaría en el lateral izquierdo desde el punto de vista de la audiencia, en un ángulo de 45 grados con la pared del escenario. Y a la izquierda para que el público mire el mensaje en la pantalla y vuelva la atención a ti, como se lee un libro – igual habría que cambiarlo para presentaciones en árabe.

El escenario sería de tartán, como en las pistas de atletismo de interior, blandito para estar cómodo, y además no cruje y da igual que lleves zapatos de esos que chillan cuando andas.

En el escenario, solo una mesa cuadrada, como las de terraza de los bares pero de madera, para dejar tus notas y una botella de bebida energética. La altura es modulable. Hay un hueco para dejar el vaso y que no se caiga encima de tus notas. También hay una mesa alargada y sillas para que se sienten los ponentes si es una conferencia, pero sube desde el subsuelo, donde se esconde cuando no se necesita. Incluso puedes bajar al subsuelo a todos los ponentes si resultan ser aburridos.

Por el escenario no hay ningún cable disimulado con cinta americana negra para que te tropieces cuando estás absorto en tu presentación. No hace falta, porque la proyección se hace desde detrás de la pantalla. Además, no hay portátil, sino una pantalla de apuntador en el suelo, disimulada tras un parapeto que se eleva desde el tartán. Esta pantalla es tu chuleta, y se puede proyectar en ella tus notas o la presentación, lo que prefieras.

En el suelo hay dibujado un círculo de tres metros de diámetro, que señala por dónde te deberías mover. El círculo no puede evitar que te pasees de lado a lado como un león enjaulado, como le gusta hacer a algunos presentadores. Así que en cada extremo del escenario habría unos sensores que detectarían si estás efectuando ese movimiento que distrae tanto. Y te endosarían un calambrazo si te pillan, a modo de radar de tramo.

Para que se vea bien lo que escribes en el flipchart o caballete, se proyectaría en otra pantalla a la derecha del escenario. Así que sería electrónico. Esto evitaría la embarazosa situación que se repite en un 75% de las presentaciones cuando los rotuladores están todos gastados. Tampoco veríamos lo que ha escrito el profesor de inglés, ese texto que se queda para siempre en el soporte de detrás porque ha usado el rotulador permanente.

La luz sería modulable por zonas, para que puedas tener el foco sobre ti cuando quieras y sobre partes de la audiencia por ejemplo para las preguntas. La modulación la controlas tú desde una discreta pantalla estilo Minority Report, situada en la mesa de tus notas. También hay una claraboya enorme que puedes usar en lugar de la luz artificial, controlable desde tu pantalla futurista, por si quieres utilizar el estado de ánimo del tiempo atmosférico.

Si quieres usar un micrófono, conveniente si hay más de 50 personas, puedes elegir de solapa o de cabeza estilo estrella del rock. Y en cada asiento de la sala hay un micro también, como en el Congreso de los Diputados. Así te evitas a la azafata de preguntas que suele distraer a la audiencia, y que durante tu presentación no te hace ni caso y se aburre muchísimo de pie a un lado de la sala. Además de tener micrófono incorporado, los asientos son lo suficientemente duros para ser cómodos y que no se duerma nadie que tenga algo de sueño, igual que en un coche alemán.

La sala está insonorizada, por supuesto, a prueba de reuniones adyacentes, de ruido de tráfico, y de taladros.

La climatización la manejas tú, no el hotel ni el más listo de la audiencia que ha averiguado cómo manejar el cajetín del aire acondicionado y tiene a todo el mundo congelado. El aire podría tener olor a vainilla, o el que más te relaje.

Y la forma es de anfiteatro romano, aunque sin niveles. Es la forma que permite una mejor difusión de la voz, igual que un megáfono. El escalado en niveles, como en la clase de Indiana Jones, acaba por venírsete encima después de una hora de presentación. Se entra por detrás, para que los rezagados no distraigan al resto al entrar.

Si quieres añadir algo, adelante. Cualquier cosa que te haga sentir cómodo. Esa es la clave de una sala de presentaciones, estar como en tu sauna para poder concentrarte en el mensaje y en la audiencia. Pero es mucho más probable que tengas o acabes teniendo una sauna en tu casa, que encontrarte esta sala ideal.

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