La logística y Bill Clinton

30 Abril, 2012 by: Javier

Cuando estás a punto de salir al escenario, te parece que vas a estallar. Tu corazón va a bastante más de lo normal, te sudan las manos, no puedes pensar en otra cosa que no sea tu presentación, se te ha secado la boca, y si coges un vaso de agua parecerá que tiene pilas porque tiembla solo. Además de estar seguro de tu contenido y de tu estilo, tienes que estar seguro de otra cosa: de que todo lo demás funciona.

Todo lo demás es lo relativo a la logística: la iluminación, el sonido, el proyector, el ordenador, el pen drive, los vídeos que entran bien, los links, el alargador para el equipo, los camareros, la botella de agua, la pausa del café, la disposición de las sillas, el micrófono, la disposición de tus notas en el atril, el nudo de la corbata, el brillo de tus zapatos, el colorete de tus mejillas, y si has ido al baño antes de empezar.

Si algo no funciona, y te das cuenta cinco minutos antes de hablar, vas a tener un exceso de tensión. Ya no vas a estar nervioso al nivel que necesitas para transmitir entusiasmo, vas a estar híper nervioso. Y eso ya no es bueno.

Siempre es mejor asegurarte tú mismo de que todo esto está en orden. Si lo hace otro, sobre todo lo de ir al baño por ti, igual tienes un problema. Nada como tu revisión personal punto por punto, igual que hace un piloto antes de despegar. Más de una vez he llegado a un hotel en el que todo estaba a punto según el organizador, para darme cuenta de que la conexión al proyector no funciona con mi portátil, por alguna razón que tiene que ver con los duendes verdes de las presentaciones. Así que siempre hay que llegar al menos una hora antes, para que te dé tiempo a revisar cada punto, y para estar tranquilo.

Podrías pensar que esto no le pasa a los dioses de las presentaciones, que no son los que presentan muy bien necesariamente, sino los que hacen presentaciones de postín. Por ejemplo, el presidente de Estados Unidos. Por supuesto que él no se preocupa de nada en lo referente a la logística, pensarás. Imagínate que, además de preparar el discurso, con el que hace que las bolsas suban, que ahorres más, o que los gobiernos inviertan más en defensa, tuviera que ocuparse del sonido o de lo que aparece en la cámara. Igual que se hace una revisión médica completa en dos horas, incluyendo los resultados de la ecografía y del análisis de sangre, sin tener que volver a pedir cita ni a recoger los análisis, le deben de preparar la logística de las presentaciones a conciencia para que simplemente tenga que ocuparse de hacerlo bien.

Pues no. Fíjate en este vídeo interesantísimo sobre los cuatro  minutos anteriores a una intervención televisada: Bill Clinton at the Oval Office

Le dicen que no encuentran el teleprompter, también llamado autocue, la maquilladora no deja de darle la lata, pide una prueba de sonido, tiene que confirmar cuándo van a empezar a rodar, y está en general bastante nervioso porque parece que no se puede fiar de su equipo (“is this water out of the picture?”). Seguramente despediría a unos cuantos después de esta sesión. También es interesante verlo para darte cuenta de que todo el mundo se pone nervioso antes de presentar. Mira cómo se relaja en los 30 segundos anteriores, tomando aire por la boca como un pez.

Si vas a hacer una presentación gorda, tienes dos opciones: o lo supervisas todo, con mucha antelación para no estar tenso, o te buscas al secretario con el que se quedó Clinton después de esta.

Una respuesta a “La logística y Bill Clinton”

  1. logística dice:

    Es muy cierto, es necesario contar con el tiempo suficiente para preparar la exposición y estar al tanto de que todo esté listo y organizado. Y así todo saldrá muy bien.

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