Generación Y

11 mayo, 2011 by: Javier

 

Los estudiantes universitarios son gente fantástica, igual que era yo cuando tenía de 18 a 24 años. No hay nadie que se lo pase mejor en cualquier país del mundo, entre éxitos, descubrimientos, amistad espontánea, y fiestas.

Los de ahora pertenecen a la generación Y, mucho mejor que ser de la X, tan oscura y pasajera, o del baby boom, de jubilación tan insegura. La generación Y tiene los pulgares más rápidos de la historia, lo cual además de ser buenísimo para escribir en sus Blackberrys les viene de miedo para el bricolaje que les tocará hacer pronto. Además, no protestan tanto como deberían dada su edad revolucionaria. Incluso piensan que sus padres son buena gente y hablan de ellos con cariño y sin vergüenza – aún no he oído hablar de sus viejos a ninguno. Son móviles, muchos llevan una muda de ropa en el coche, incluyendo pantalones de esos con la cintura por la rodilla y los bajos raidos. En general, lo han tenido fácil porque se han criado en época de abundancia.

Quizá por eso a la hora de hablar en público se les nota en general menos entusiasmo que a personas de más edad. Esto que es negativo tiene su lado bueno: se ponen menos nerviosos. Pero en cuanto vean que su carrera profesional está ligada a cuántas veces se les ve a tope en un escenario, el entusiasmo aumentará solo.

Miran mucho al moderador, quizás buscando aprobación. Si su audiencia son sus compañeros, nadie lo nota. Soltarse en un entorno amigable es bueno para aprender.

Utilizan modismos de actualidad. Mazo, guay, súper, en plan, o motivado (en clave generación X sería vacilón), no faltan en ninguna presentación. Se encuentran más cómodos hablando en lo que les sale del alma. Será un problema las primeras veces que hablen en otros escenarios, más cercanos al mundo real. Pero se cura rápido, dos miradas de cliente incrédulo y listo.

Su apariencia es desarrapada. Aunque esto no es nada nuevo para su edad, sí que lo es el llevar la ropa rota como muestra de “parody display”. Es decir, me importa tan poco ir elegante, que llevo los pantalones rotos. Estoy por encima de intentar aparentar elegancia. Claro que las audiencias que deambulan fuera de la universidad están listas para comérselos con patatas cuando vayan a hablar vestidos con la chaqueta de hombreras por los codos de su padre. Así que tampoco tardarán mucho en hacerse con algo a medida, excepto los que elijan la rama creativa, donde se permite ese punto de extravagancia.

Su característica más admirable es su disposición para descubrir el mundo. No van a hacer otro mayo del 68, pero la generación Y promete.

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