Eso de unirse a la conversación

7 Abril, 2011 by: Javier

 

Esta semana he asistido a una conferencia en la universidad sobre los blogs como la nueva forma de periodismo, en la onda de la última frase hecha del sector de la comunicación en internet, después de web 2.0, y de SEM/SEO: join the conversation, únete a la conversación de las redes sociales. Muy interesante, con ponentes periodistas que sabían de qué hablaban.

Dos cosas que habría cambiado. Primero, el moderador nos tuvo 25 minutos esperando porque no funcionaban los micrófonos de la mesa de oradores. Me sentí como un pasajero en un avión de alguna línea aérea de cuyo nombre no quiero acordarme, de esos en los que el piloto cree que los que vamos dentro somos mercancía. Llevas parado una hora en la pista sin despegar, y el piloto no te ha dicho aún nada por megafonía, como si fuera lo normal y él no cobrara por ser amable. Nuestro moderador podría habernos dicho que había un problema de sonido y, mejor aún, haber empezado sin micrófonos porque no éramos tantos. La audiencia le habría agradecido el que no asumiera que nuestro tiempo era suyo. Pero ahí estaba, con el público y los ponentes mareando la perdiz – y sin unirse a la conversación…

La segunda cosa que podría haber sido distinta tiene que ver con el motivo de la conferencia. Puesto que todos somos ahora o blogeros o twitteros o facebookeros, o cualquier combinación de redes sociales, el moderador invitó a los asistentes a publicar en las redes sus impresiones sobre las ponencias durante las ponencias.

El efecto era devastador sobre lo que se estaba exponiendo. La mayoría de los asistentes tenían encendido su portátil, o su móvil, y no miraban al ponente sino a sus pantallas. Además, detrás de la mesa de oradores se estaban proyectando en directo las entradas en las redes de los presentes en la sala. La impresión era exactamente la misma que cuando das una clase a alumnos que hacen como que toman apuntes con sus portátiles, mientras están chateando con sus colegas en facebook: que te despistan constantemente, además de enfadarte. Piensas que por qué estás perdiendo el tiempo trasladando conocimiento a gente que no muestra ningún interés. Incluso cuando lo haces interesantísimo. He tenido alumnos que seguían escribiendo en sus teclados con la sonrisa puesta mientras proyectaba un fragmento de una película de James Bond.

A veces puede que te toque hablar a un público que no piensa que es una falta total de educación el estar comunicándose con otras personas a través de sus móviles o portátiles o tabletas mientras hablas. Lo mejor es decirles tranquilamente que, para transmitirles esa información que va a ser importante en sus vidas, necesitas saber que te están haciendo caso. Y que apaguen sus cacharros por favor. Alternativamente, puedes darte la vuelta y seguir tu exposición hablándole a la pared. Seguro que cogen el mensaje y se unen a la conversación, a la tuya.

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