El vídeo de tu boda

4 Octubre, 2011 by: Javier

La primera vez que me vi grabado fue dando saltos en el agua en una peli de súper 8 de las que grababa mi padre en la playa, de pequeños. Luego las editaba cortando y pegando trozos de película en una labor que ahora me parece heroica. Si yo me tiro un día entero montando la película del verano en el ordenador, mi padre se debía de tirar semanas. Ahora si llevas tus películas antiguas en blanco y negro a una tienda de fotografía, te las montan con música estilo hilo musical de consulta de dentista, una pena. En esas pelis puedes ser tú como tu primo, de pequeños somos todos más parecidos.

Luego está el vídeo de tu boda, que yo no hice porque me parecía demasiado kitsch, en el que ya te ves en color, y en el que te evalúas según salgas más o menos en posesión de ti mismo. Mira qué sonrisa más boba tenía, o ahí estoy saludando a mi cuñada sin entusiasmo y se me nota demasiado. Y esa definitivamente no es mi voz, qué rara suena. Aparte de que tengo la barriga de un hipopótamo, tenía que haberme puesto esa faja que me sugería el de la tienda de chaqués.

Si quieres mejorar hablando en público, no hay nada que se aproxime ni de lejos a la experiencia de grabarte mientras presentas. Igual que en vídeo de tu boda, te criticas inmediatamente, y tú eres siempre tu mejor crítico porque nadie te conoce como tú. De pronto te ves como te ven los demás, y te evalúas igual que evalúas a los demás cuando se suben al escenario: va por el “eeeh bueno” cincuenta y siete, por qué tendrá las manos en los bolsillos, será que no le interesa esto demasiado, no sé muy bien qué ha querido decir con esa frase de 200 palabras, pero voy a hacer como que me he enterado, lleva media hora sin poner un ejemplo, no me ha mirado ni una vez.

Aunque no supieras nada de cómo manejar el estilo verbal y los gestos, te vas a transmitir las mismas sensaciones que transmites al público cuando presentas. Si tienes un tono de voz monótono, te vas a parecer aburrido. Si te cruzas de brazos vas a percibirte como defensivo. Si no sonríes vas a pensar que no eres cercano. Y lo vas a intentar cambiar para la próxima.

Verte presentando una vez equivale a leerse cinco libros de autoayuda de los gordos sobre cómo mejorar tus habilidades de hablar en público. La mejora es instantánea porque eres consciente de ti mismo pero como si fueras otra persona. De ahí que creas que no sonríes tanto como creías, que probablemente sea lo que piensan los demás.

Además, te das cuenta de que nadie te da nunca retroalimentación sincera y completa. ¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo que tu presentación ha sido un rollo, que no dejabas de colocarte el peinado, o que te movías por el escenario como un león enjaulado? Seguro que el comentario promedio ha sido “muy bien”, y ya.

Hay un sitio en internet donde puedes cargar tu vídeo presentando, incluso a tu webcam, para que te evalúe un entrenador. Aclaración / disclaimer: yo soy uno de esos entrenadores, así que este post tiene una parte de venta – alguna vez tenía que vender algo, ¿no? Funciona si no tienes todo el tiempo del mundo para asistir a un seminario sobre presentaciones, o si quieres ver qué tal lo haces mientras preparas esa presentación clave al consejo de administración. Si quieres echarle un ojo: www.presentationgym.net.

Y si no tienes tiempo ni para eso, puedes hacer dos cosas: que un conocido te grabe en tu próxima presentación, y te analizas comparándote con alguien que te guste hablando en público, o aprovechas tu próxima boda para verte en el vídeo.

Para Fidel

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