El factor multiplicador del tiempo

19 febrero, 2012 by: Javier

Las pausas aportan poder al presentador.

Cuando las usas antes de empezar a hablar, tu poder aumenta de manera exponencial. Cada segundo que pasa supone un grado más de autoridad en la escala de 50 puntos de presentador imponente, siendo Churchill o Hitler el 50, y un delincuente fiscal hablando de la persecución a la que le somete el Estado para asustar al resto, el cero. Imagina que tienes un nivel de autoridad de 28, de acuerdo con tu nivel de experiencia, tu apariencia física, tu vestimenta, la expresión facial, y los gestos que has exhibido antes de empezar a hablar. Si cuando todo el mundo se ha callado, o los aplausos han terminado una vez que el presentador ha acabado de presentarte, haces una pausa de seis segundos, tu nivel de autoridad habrá aumentado de modo instantáneo hasta 34, es decir, un 20% más. No todo el mundo se atreve a estar en silencio mirando a un montón de individuos, que a su vez te están mirando en silencio. Eres tú contra todos, y además se supone que el único que puede hablar en ese momento eres tú, así que no hay escapatoria. La mayoría empieza a hablar a toda máquina para que no haya ni una décima de silencio embarazoso.

También puedes usar las pausas para resaltar un punto: “iba conduciendo tranquilamente cuando de repente se me cruzó un ciervo en la carretera”, es menos impactante que “iba conduciendo tranquilamente cuando, de repente, (pausa de dos segundos)… un ciervo enorrrrrme se me cruzó en la carretera”.

Otra manera de utilizarlas es para pasar el testigo a la audiencia en la sesión de preguntas. A veces nadie se atreve a preguntar, pero si te quedas callado el tiempo suficiente alguien preguntará algo, aunque solo sea para que les dejes irse ya si tu presentación ha sido el viernes a las cinco de la tarde.

La pausa funciona de miedo cuando alguien te hace una pregunta difícil. En vez de interrumpir porque no estás de acuerdo con el sesgo que le está dando la persona que pregunta, espera a que termine de hacerte su pregunta capciosa y malévola. Entonces sigue mirándole fijamente a los ojos, mientras saboreas el tiempo que estás sin abrir la boca. Porque con cada segundo que pasa sin contestar, hasta un máximo de unos cinco, te haces más poderoso en tu disputa con esa persona, y ante la audiencia. Parecerá que no tienes ningún problema en contestar, porque te atreves a permanecer en silencio. Claro que si te pasas de esos cinco segundos, lo que va a parecer es que te han pillado.

En todas estas situaciones, los segundos funcionan en otra dimensión. Interviene un factor multiplicador del tiempo, relacionado con el miedo escénico. Si te quedas callado delante del público, puedes pensar que están pensando que te has quedado en blanco, que no te lo sabes, que no sabes reaccionar, que estás desorganizado, que qué gordo estás, que no mereces vivir. Pensamientos que no te van a tranquilizar sino todo lo contrario. Así que los segundos te parecen más largos: cada uno vale por cinco. Si te quedas mirándoles durante tres segundos, te van a parecer 15, que es un montón. Pero no hay nada de qué preocuparse. Cuando creas que llevas un rato largo callado, simplemente haz la conversión y relájate. Y disfruta de tu poder.

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