De los antepasados y los osos

9 Noviembre, 2010 by: Javier

Hace montones de años algunos de nuestros antepasados vivían en cuevas. Si la cueva no estaba muy poblada, es decir si había unos cuantos menos que en las historias de J.M Auel, de vez en cuando aparecía en la boca de la cueva un oso monstruoso que hacía enanos a los de osos de Kodiak de hoy. Si te había tocado hacer guardia, inmediatamente y si te quedaba voz te ponías a gritar, claro, para ver si se iba y para que viniera alguien más a ayudarte a reducir la probabilidad de que te comiera a ti. Al mismo tiempo que estos signos visibles ocurrían, dentro de nuestro antepasado se ponía en marcha el sistema nervioso simpático para prepararle para la acción. Lo primero que hace el simpático es estimular la producción de adrenalina en las glándulas suprarrenales. La adrenalina hace que las pupilas se dilaten para ver mejor el peligro, y acelera el corazón para bombear más sangre donde más la necesitamos en ese momento: en el cerebro para pensar más rápido, y en los pulmones para tener suficiente oxígeno para quemar. También se dilatan los bronquios para proporcionar más oxígeno a la sangre. La circulación periférica se reduce con vistas a regar esos órganos de manera más eficiente. En instantes, nuestro antepasado se colocaba en situación de lo que los anglosajones denominan “fight or flight”, es decir “pelea o sal volando”.

Aunque hoy es difícil que un oso intente comernos, seguimos teniendo la misma reacción ante la percepción de peligro.

Cuando presentamos, percibimos un peligro que no es físico. Raras veces la audiencia te quiere comer, a no ser que te vayas a hablar a las selvas de Papúa Nueva Guinea de cuánto nos gustaría a los que vivimos en el primer mundo volver a la comunión con la naturaleza. El peligro que creemos que existe es psicológico: tenemos miedo de perder nuestra autoestima. Si te sale mal la presentación, si crees que van a percibir tu nerviosismo, que van a pensar que no vales para esto, que lo has hecho fatal, entonces lo vas a pasar realmente mal. Cuando acabes la presentación vas a estar hecho polvo y te va a costar recuperarte. Nada de eso que te piensas ocurre en realidad, claro, son tus percepciones jugándote una mala pasada. La audiencia casi siempre está de tu lado y quiere que lo hagas bien.

Así que la próxima vez que estés muy nervioso pensando en tu próxima presentación, piensa en que es tu organismo jugándote una mala pasada instintiva. Te está poniendo en guardia para luchar contra un peligro, porque no creo que se te ocurra salir corriendo de la sala donde estás haciendo tu presentación. Y utilízalo a tu favor, para estar entusiasmado cuando hables. ¿A que no has visto un solo presentador que te haya parecido excelente y que se estuviera aburriendo al hablar?

La buena noticia es que, después de un rato, y siempre que el oso no te haya comido, entra en funcionamiento el sistema nervioso parasimpático, que tiene la misión de generar un estado de relajación después de la tensión. De otro modo podríamos estar permanentemente excitados y durar mucho menos a causa del desgaste, igual que el motor un coche que no parara nunca.

¡Ánimo y a por la siguiente presentación!

Categoría: Speak and Span Blog

2 respuestas a “De los antepasados y los osos”

  1. Javier,
    La historia del oso es una bonita metáfora de lo que le ocurre a la mayoría de la gente cuando tiene que hacer una presentación importante.
    Estoy totalmente de acuerdo con el mensaje: relájate y disfruta. Además, añadiría que debes ser tú mismo. No intentes imitar a nadie (se te notará). Encuentra tu estilo y disfruta presentando.

    Saludos

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