Cuando tú eres parte del público

6 Diciembre, 2010 by: Javier

 

He debido de estar presente como oyente en unas 5,174 presentaciones aburridas, sin contar las clases en la universidad, que antes del método Bolonia eran en su mayoría un martirio: 22 años x 5 presentaciones atendidas de media a la semana x 48 semanas x proporción de presentaciones aburridas (98%) = 5,174.

Pero creo poder decir que en todas he mantenido un mínimo de consideración con el ponente. Es decir, aún cuando estaba aburridísimo he intentado que no se me notara.

Hay varias maneras de ser descortés, o muy descortés mostrando una total falta de educación.

La más común es hablar con el de al lado. Puedes hacer un comentario de vez en cuando, al ponente probablemente no le importe. Es más, puede que le dé pistas sobre qué parte de su charla es más interesante o polémica. Pero hablar chismorreando sin parar distrae muchísimo. La concentración del presentador se perderá más que en una playa nudista. Mejor no hables con nadie durante la presentación. Imagínate que estás teniendo una conversación con alguien y ese alguien se pone a hablar con otro sin usar cualquiera de las excusas habituales, como decirte que va al baño, o que si quieres algo porque él va a pedirse una bebida, o mira ahí está Rita – discúlpame un momento que la voy a saludar, o te presento a Renato y me escapo.

El siguiente grado de descortesía se puede calificar directamente de mala educación. Consiste en usar tu teléfono para consultar correos. En una ocasión, el equipo de la agencia estábamos presentando nuestra propuesta en un concurso a un gran banco español. Habíamos trabajado la presentación durante un mes, desde el presidente hasta el becario, día y noche, con muchas ganas e ilusión. La presentación duraba una hora. El director de marketing del banco, que era el que al final elegía agencia, estuvo media hora de nuestra presentación respondiendo correos en su Blackberry®. En un momento incluso salió de la sala para atender una llamada. Nos estaba diciendo que le dábamos exactamente igual nosotros y nuestro trabajo, y que tan sólo éramos un despreciable posible proveedor. Siempre he deseado que esta persona se quedara sin trabajo, y que a continuación le tocara trabajar en una agencia. Y que yo fuera su posible cliente, claro.

Y lo máximo, aunque excusable, es dormirse. Pasa a veces con asistentes habituales, como alumnos en un curso de varios meses. Si has dormido fatal la noche anterior, mejor no vayas. Y si el ponente es realmente aburrido, toma el remedio 1 indicado más abajo.

QUÉ HACER COMO ASISTENTE PARA NO SER DESCORTÉS

Remedio 1: levántate y vete si no lo soportas, es mejor aparentar un imprevisto que estar sin estar.

Remedio 2: anota en un papel todo lo que te venga a la cabeza que no tenga que ver con la presentación. Tareas pendientes, problemas acuciantes, posibles planes atractivos. Así lo aparcas hasta el final de la presentación, y no tendrás que dejar de prestar atención.

Remedio 3: apúntate preguntas difíciles para hacerle al ponente. Así te vengarás del sopor que te está causando sin dejar de atender.

Remedio 4: pide que ilustre sus puntos con ejemplos, de repente te parecerá todo mucho más interesante.

Remedio 5: apaga tu móvil.

De acuerdo, hay algunos presentadores realmente insoportables. No vayas a sus presentaciones, pero si vas, respeta su trabajo. O alguien deseará pillarte en el futuro en la situación invertida, para machacarte.

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