Cómo no mirar tus notas

22 abril, 2012 by: Javier

Soraya Sáenz de Santamaría está teniendo un lanzamiento muy respetable en el gobierno desde el punto de vista de la autoridad que transmite. Su coeficiente de poder no es muy elevado si te la encuentras por la calle y no sabes quién es. El coeficiente de poder viene determinado por la fórmula: (Altura x Anchura de Hombros) + (Timbre de Voz  x Género) + (Sonrisa x Mirada), multiplicado por 1.3 si eres hombre. Puedes aumentarlo mediante la ropa, los colores, y los accesorios que lleves puestos. De cero a diez, su coeficiente de poder a simple vista debe de estar alrededor de 5.5. Cuando se pone delante de un micrófono, sube hasta 9.5.

En la intervención del viernes pasado tras el consejo de ministros, (http://www.lamoncloa.gob.es/Multimedia/Videos/ConsejoMinistros/2012/200412ConsejodeMinistros11.htm), Soraya Sáenz de Santamaría habla durante 19 minutos, durante los que no mira sus notas desde que acaba la introducción en el primer minuto, hasta los dos últimos. No está hablando del tiempo, ni de abstracciones que le habrían permitido divagar durante días, estilo Fidel Castro, sino de temas muy concretos que se habían discutido en las cinco horas anteriores. Probablemente no tuvo tiempo de preparar nada, simplemente usó sus notas tomadas durante el consejo de ministros. Es muy llamativo ver cómo se desenvuelve con absoluta seguridad al tratar estos puntos tan conflictivos. Solo baja la mirada al papel en el minuto 17.30, cuando habla del asunto Repsol en Argentina.

No hay nada malo en usar tus notas en una presentación. A todo el mundo le parece algo normal, siempre que no estés leyendo. Pero hablar sin recurrir a ellas, sobre todo si no has tenido más que unos minutos para preparar, requiere estar muy seguro de ti mismo y de lo que estás diciendo. Tienes que estar convencido de que eres una autoridad en lo que sea que les estés contando, y de que tus palabras contienen la solución ideal al problema. Si dudas, no vas a poder ocultar tu inseguridad. Igual cuando habla de Repsol mira sus notas porque no le daba para más la memoria, porque fue lo último que se trató en el consejo de ministros. O igual es que no está muy segura de que lo que ha hecho el gobierno haya sido lo mejor. En cualquier caso, si comparas con el resto de su intervención, aparece menos segura.

La vicepresidenta hace otra cosa muy bien, y es machacar su mensaje varias veces, quizá demasiadas. En esta avalancha de reducciones presupuestarias que ya lleva unos meses, ¿qué votantes puede perder el PP en las próximas elecciones? Los que están en el centro y consultan más el fondo de su bolsillo que el manual de Keynes o de Hayek. Así que se asegura de mencionar  las palabras mágicas “estado del bienestar”, ese mantra que tranquiliza a los que ven en la derecha al empresario gordo de tirantes, ligas en los calcetines, y habano en la boca. Fíjate cómo lo hace, seis veces en dos minutos al principio de su intervención. No quiere dejar que sus oponentes usen la fórmula mágica, y se la apropia.

Cuando prepares tu próxima presentación, dale unas vueltas a tu nivel de convencimiento sobre el contenido de lo que les vas a decir. Puede que cambie cómo te ves a ti mismo.

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