A ver si funciona…

14 mayo, 2012 by: Javier

Hace unos días estuve en una presentación muy interesante sobre creatividad. La ponente llego 15 minutos antes del evento, con la presentación cargada en su portátil. Se pasó esos minutos hablando con los organizadores, y tres minutos antes de la hora de comienzo conectó su portátil al proyector de la sala.

Primer problema: el portátil no reconocía al proyector. Así que hubo que llamar al técnico, quien por supuesto utilizó el remedio que se aprende en quinto de ingeniería informática: apagar y volver a encender el portátil. El público aún estaba fresco, por lo que siguió atento las evoluciones del técnico en el escenario mientras la ponente murmuraba frases redentoras sin sentido: igual es el enchufe, a lo mejor, es que, claro, siempre pasa, ya parece, a ver si eso, vale, has dado a F5, en mi oficina funciona bien.

Después de su introducción, tocaba enseñar un vídeo. La ponente pronunció la frase mágica para convocar a las brujas de la informática: “a ver si funciona”, que nunca surte efecto porque las brujas lo que quieren es que te salga fatal. Y no solo no vale para nada, sino que la audiencia, chas, detecta que no has comprobado antes de empezar que todo fluye, y que probablemente les vayas a aburrir otra vez mientras pruebas. Además, se sienten menospreciados: vaya, esta señora parece que piensa que no soy muy importante, porque se cree que puede estar haciéndome perder el tiempo.

Total, como le pasa a todo el mundo, pensaría la ponente, pues estos pequeños fallos están permitidos. Gran error. Tu presentación pierde miles de puntos cada vez que algo no funciona. No vale decir con el clásico “los riesgos del directo”. Eso se lo pueden permitir los del telediario cuando se desmaya el locutor, pero no tú con un fallo de PowerPoint o con la conexión del equipo. Así que nos dijo que nos iba a enseñar el vídeo directamente desde su carpeta correspondiente. Tecla Esc y a ver qué pasa. Lo encuentra, empieza el vídeo y, vaya, no se oye por los altavoces de la sala. Nueva visita del técnico, quien después de cinco minutos en los que la audiencia ya no está tan fresca y se despista en sus móviles, anuncia que el problema no tiene solución inmediata. El remedio: usar el sonido del portátil, que en una sala de 50 personas lograba un efecto similar al de Marlon Brando poniendo la voz de Vito Corleone.

El caso es que vimos el vídeo sin oírlo mucho. La ponente no maximizó la ventana, así que además lo vimos en tamaño Mini Cinexín. Siguiente vídeo: en lugar de enseñarlo desde una carpeta, esta vez nos llevó a Youtube desde un link, y la conexión digamos que no era de cientos de gigas. Es muy sencillo descargar un vídeo antes de una presentación desde Youtube para incluirlo en tus diapositivas, te ahorras tiempo durante la presentación y el efecto es muy superior.

El impacto de toda esta torpeza logística en la audiencia fue fatal. Me acuerdo de los problemas, pero de casi nada que tenga que ver con el contenido. Y la autoridad de la presentadora ha bajado unos cuantos puntos, de gurú a experta en su campo pero iletrada en probablemente otros, incluyendo el informático.

El problema no es el equipo, ni lo que sepas de PowerPoint. El problema es que si llegas con solo 15 minutos de antelación a una presentación, te va a salir mal seguro. Pero seguro segurísimo. ¿A que no llegarías a tu boda, si eres el novio, 15 minutos antes que la novia? Pues esto es lo mismo.

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