¿Te lo sabes?

10 septiembre, 2012 by: Javier

Una vez memoricé un discurso palabra por palabra. Era una presentación a un equipo de ventas de 200 personas, durante una convención anual de la compañía en la que yo era el brand manager de una de sus marcas. Me salió de cine. Me lo sabía tan bien que dije exactamente todas las palabras que tenía escritas, y además las dije como si me las estuviera inventando en ese momento. Cuando terminé recibí un montón de felicitaciones. Creo que nunca me he cansado tanto preparando una presentación.

El caso es que no pretendía memorizarlo, pero lo ensayé tantas veces que se me quedó grabado igual que el día de mi boda. Era mi primera intervención en público en la empresa y quería asegurarme de que brillaba. Recuerdo que iba por los pasillos repitiendo las frases de la presentación igual que un estudiante en una madrassa de Pakistán, sin que nadie se diera cuenta, claro.

Cuando no tienes demasiada experiencia en hablar en público, memorizar un discurso puede ayudarte a estar más tranquilo. Pero tiene un peligro muy grande: en cuanto se te olvida una frase, o te equivocas y en vez de decir “elevado” dices “alto”, tu cerebro dice que por ahí no es, y te bloquea el discurso para buscar la palabra o la frase que se te ha olvidado. Y te quedas en blanco, con esa cara de estúpido que se te pone cuando no te crees que te pueda estar pasando a ti. Entonces empezarás a revisar en tus notas hasta que des con la solución, mientras sudas como un pollo pensando en que estás haciendo el ridículo. En realidad a la audiencia no le importa que te quedes en blanco, le importa cómo lo solucionas. Pero como estás muy nervioso por el olvido, igual no lo solucionas bien.

La probabilidad de que se te olvide parte de un discurso memorizado depende en gran parte de si lo has escrito tú. Si te lo han escrito otros, las posibilidades de que se te olvide se multiplican por 10. Si tienes que memorizar un discurso de otros, rescríbelo hasta que tenga sentido para ti. Cuando el discurso es tuyo, fluye. Si es de otros, vas por un camino de piedras con las que te puedes tropezar fácilmente.

¿Entonces, es conveniente memorizar o no? La mala noticia es que sí que hay que memorizar: vas a estar mucho más tranquilo y te va a salir mucho más espontáneo. Cuanto mejor te lo sabes, mejor te sale, igual que en los exámenes. Pero la buena noticia es que no hay que memorizar palabra por palabra. Memoriza ideas, no palabras, y memoriza la conexión entre las ideas. Porque lo que se te suele olvidar es lo que viene después. Por ejemplo, empiezas tu presentación sobre la repoblación de pingüinos en la Tierra de Baffin hablando de las siete causas de la reducción en el número de individuos. Tienes que tener clarísimo qué causa sigue a la anterior, mediante una conexión que tenga sentido para ti. La pesca comercial que esquilma la cadena alimenticia sigue a los accidentes de pesca en los que mueren pingüinos, eso está claro. Pero tienes que inventarte una conexión mental entre los virus del pingüino y el tráfico ilegal de plumas.

Además de memorizar las ideas y las conexiones entre ellas, lo ideal es tener tus notas a mano. Si se te olvida algo, siempre puedes recurrir a ellas. Así que tus notas tampoco pueden ser el discurso escrito, sino esas ideas en letras grandes y con flechas, tachones y subrayados que te permitan recordar mejor los puntos clave.

Por supuesto que todo esto no aplica si tienes un PowerPoint que usas a modo de chuleta, pero eso es trampa y a la audiencia no le gusta nada porque les aburres.

¿Y si no puedo usar mis notas, como en un discurso ultra formal en el día de graduación en una academia militar? Entonces usa referencias en la sala. Coloca mentalmente cada idea en un objeto que esté en la sala. Una maceta, el cuadro del aire acondicionado, la puerta, una lámpara, las cortinas. Solo tendrás que memorizar el orden en el que aparecen. Y si tienes siete causas para explicar la reducción en el número de graduados, no se te ocurra decir que son siete. Simplemente di “hay varias causas…”, para que cuando se te olviden dos, nadie lo note.

Cuanta más experiencia tengas hablando en público, menos te preocupará el que se te olvide el discurso, porque te acostumbrarás a preparar bien tu presentación. Esto, más que la memorización, es lo que hará parecer que te lo sabes.

Parte de esta entrada se publicó en Declamatoria, http://declamatoria.com/2012/09/10/memorizar-discursos-bondades-y-peligros/

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