¿Nervioso? Eres un atleta

17 Febrero, 2011 by: Javier

Todos los años en septiembre corro una carrera de bici de montaña en la sierra de Madrid, el Rompepiernas de Hoyo de Manzanares, aunque últimamente se ha reducido, por falta de presupuesto, a una marcha ciclista lúdico-campestre, a la que solo le falta que los participantes llevemos mantelito de picnic. Solía ser un evento monstruoso para los ciclistas de fin de semana, 65 kilómetros de machaque físico sin piedad, subiendo y bajando por piedras sueltas del tamaño de melones, comiendo polvo y moscas, a veces con algo de sangre, y sintiendo el acecho de los demás en tu cuello, pero disfrutando viendo lo que puedes hacer cuando te pones en serio a ello.

La peor parte es la salida, cuando estamos los 100 o así que participamos completamente en tensión, como lo demuestra la cantidad de ciclistas que se ponen a hacer pis minutos antes de salir. ¿Por qué tanta tensión? Porque tu cerebro  te está diciendo que hay otros que te quieren ganar, que están a tres centímetros de ti, y que si pierdes eres basurilla. Es decir, nuestra autoestima corre peligro, y eso nuestra cabeza lo percibe como una posible agresión. Así que nos prepara para pelear y ganar. Genera adrenalina, y la adrenalina nos pone tensos. En realidad no es que estemos nerviosos, estamos preparados para la acción.

Seguro que si has practicado cualquier deporte de competición, has sentido algo parecido. Exactamente como le pasa a los deportistas profesionales, que además de autoestima pueden dejar de ganar dinero.

Cuando sales al escenario a hablar en público, te ocurre lo mismo. No estás nervioso, estás preparado para salir pitando, porque tu cerebro te dice que si lo haces mal no te vas a poder mirar en el espejo durante unas semanas al menos.

Esa sensación de no querer estar allí, sudor en las manos, temblores, cara seria, voz trémula, pulso acelerado, respiración rápida y superficial… Eres un atleta.

En lugar de pensar que estás nervioso, piensa que estás sintiendo una reacción natural, y canaliza esa fuerza hacia mostrar entusiasmo. Si no tuvieras esa fuerza, tu presentación sería un rollo, como si la hicieras nada más haberte levantado de la cama.

Y si no compites nunca en algún deporte, te invito a la próxima carrera del Rompepiernas. Seguro que te sirve de entrenamiento para dirigir la fuerza en tu próxima presentación.

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