¡No te aplaudas!

28 marzo, 2011 by: Javier

Hoy he estado en una conferencia sobre marketing, que ha cerrado con unas palabras de agradecimiento un alto directivo de una compañía española.

Normalmente las palabras de agradecimiento no se preparan mucho. Te dicen que tienes que hacerlo y te preparas lo clásico: gracias a los asistentes, a los organizadores, lo mucho que hemos aprendido todos, los retos que se nos han planteado para el futuro, y el detalle estrella de hacer que se levante para recibir un rugiente aplauso la asistente que ha preparado la conferencia, los vuelos y los hoteles.

El tipo realmente no se había preparado nada más excitante que esto, así que de sus palabras no me acuerdo de nada. Tampoco de la asistente porque no la ha mencionado, igual ha sido una agencia impersonal la que ha organizado todo.

De lo que sí me acuerdo es de su detalle imperial al empezar a hablar. Ha subido al escenario, se ha colocado en el centro, y ha empezado con el “bueno pues” tradicional, pero esta vez acompañado de una sonora palmada que ha retumbado en los oídos de todos desde su micrófono de solapa.

No es la primera vez que lo veo hacer. La intención es marcarte un gesto amistoso ante la audiencia, es como si dijera, “bueno, pues qué bien nos lo hemos pasado, ¿no?”, igual que cuando acabas la excursión y llegas a la barra del bar donde te vas a tomar con los amigos el chocolate caliente. También puede hacerse para darse ánimos a uno mismo: “ánimo chavalote, que lo vas a bordar”. Realmente no eres consciente de que lo estás haciendo, pero ahí va.

La consecuencia no es que te animas, ni que la audiencia se siente más cercana. La consecuencia es que les dejas sordos, y que por tanto no van a sentirse cercanos a ti, sino con ganas de devolverte la palmada en la oreja.

Por otro lado, es una forma de dejar claro que no te lo has preparado bien, y que simplemente vas a rellenar el hueco que te han pedido que rellenes. O sea, que les vas a contar un rollo. Van a pensar que por qué no se ha acabado el acto con el último ponente, y que dónde está el jamón.

Además, tú te vas a descolocar completamente. Vas a sentir haberlo hecho cuando te des cuenta inmediatamente de que hasta tu otorrino te va a echar la bronca, y que acabas de ponerte a la audiencia en contra, aunque sólo sea durante esos tres minutos durante los que vas a hablar.

No hace falta que lleves tapones la próxima vez que vayas de oyente, no suele pasar. Pero asegúrate de que no se te escapa a ti, o de que llevas guantes…

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